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EXHORTACIÓN PASTORAL DEL EPISCOPADO VENEZOLANO EN OCASIÓN DE LOS
CINCUENTA AÑOS DE LA FUNDACIÓN DE LA UNIVERSIDAD CATOLICA ANDRES BELLO

                                                                                                   


1.- El próximo 24 de octubre del 2003 la Universidad Católica Andrés Bello cumplirá medio siglo de haber abierto sus puertas. Con tal motivo las autoridades de la Universidad están organizando una serie de actos conmemorativos a los que se unirá la Conferencia Episcopal en pleno, en la Eucaristía de acción de gracias que en la Capilla de esta Alma Mater tendrá lugar el miércoles 29 de octubre próximo a las 6 de la tarde.

UN POCO DE HISTORIA

2.- Es de todos sabido que uno de los campos en los que la acción de la Iglesia Católica ha aportado más a la sociedad venezolana, de manera preferencial a los indígenas, los campesinos, los pobres, ha sido en la educación integral y de calidad a todos los niveles. De la época colonial sobresalen, entre muchas obras educacionales, la creación del Seminario Conciliar de Caracas y su posterior elevación a Real y Pontificia Universidad en 1721; y la Casa de Estudios de Mérida (1785), obra del Obispo Fray Juan Ramos de Lora. Ambas instituciones fueron pioneras en la educación superior y dieron origen a las universidades Central de Venezuela y Los Andes, respectivamente.

3.- Durante el período republicano, la separación de ambas instituciones de la tutela de la Iglesia, y las leyes anticlericales del período guzmancista, obstaculizaron la continuidad de una labor que arrojó moral y luces en las mentes y corazones de numerosos jóvenes estudiantes. Fue tala el vació y la necesidad sentida de una presencia de la Iglesia en el campo educacional que desde los albores del siglo XX comienza a ser reclamada la apertura de centros educacionales católicos. Sin embargo, en algunos círculos influyentes prevaleció una mentalidad positivista que concibe la educación como un monopolio del Estado, por encima del derecho de los padres y de las sociedades intermedias, no exenta de prejuicios anticlericales.

4.- La polémica suscitada en torno a la validez de la educación privada en los años cuarenta del siglo XX, sirvió para decantar pasiones y purificar posturas. Quedó claro a la sociedad venezolana el valor intrínseco de la educación católica, y a la Iglesia, la necesidad de corregir yerros, y expandir más su presencia, principalmente en la educación popular. Las cifras de la época hablan por sí solas: entre 1947 y 1956 la educación católica creció cuatro veces más que la educación pública.

5.- Por otra parte, se vio como un vacío que había que llenar, el que no existiera ningún centro de educación superior católica. La experiencia latinoamericana muestra excelentes ejemplos de la fecunda presencia de universidades de la Iglesia en distintas ramas del saber. La idea fue madurando lentamente a diversos niveles eclesiales. Los puntos de referencia obligados miraban hacia las órdenes religiosas con vocación y experiencia en educación superior, ya que las iglesias diocesanas no contaban con los recursos humanos necesarios para emprender una obra de tal envergadura. Además, había que superar el escollo de los trámites gubernamentales que veían la apertura a la educación privada superior como una aventura que era necesario medir en todas sus consecuencias.

LOS ORIGENES DE LA UNIVERSIDAD CATOLICA DE VENEZUELA

6.- Así las cosas, los Obispos reunidos en Mérida en Conferencia Episcopal (octubre de 1951) publicaron una Carta Pastoral colectiva en la que le dedican un amplio apartado al tema de la educación. “...hemos decidido poner la corona a todos los esfuerzos, y para ello hemos decretado la creación de una Universidad Católica. En tal forma, los alumnos que iniciaron y prosiguieron su formación en nuestros Colegios, podrán completarla en un Centro de Alta Cultura, informado por los principios de la fe cristiana. Pero no sólo a favor de esos alumnos habrá de funcionar este Instituto: sus puertas estarán siempre abiertas para todos los jóvenes que a ella se acerquen. Grandiosa es la obra que ahora emprendemos y su realización requerirá cuantiosos recursos y sacrificios. Ponemos nuestra confianza en la Divina Providencia, la cual no habrá de abandonarnos. Esperamos la generosa cooperación de todos vosotros y la cordial simpatía de todas las personas que aman la cultura y por ella se interesan. No dudamos, de otra parte, encontrar en las Supremas Autoridades de la República, por lo que los trámites leales se refiere, todas las facilidades necesarias para llevar a efecto esta fundación, supuesto que con ella ayudaremos al Gobierno mismo en la solución de uno de sus más graves problemas y contribuiremos al bienestar de la Patria”.

7.- Lo expuesto en dicha Carta, recibió operatividad inmediata en uno de los Decretos de la misma asamblea episcopal. “Considerando, que la Santa Sede ha atribuido siempre especial importancia a la erección de Universidades Católicas y les ha prestado su más decidido apoyo; considerando, que estas Universidades están llamadas a conservar y difundir la alta cultura cristiana, a brindar a sus alumnos una formación integral que haga de ellos miembros útiles a la Iglesia y a la Patria, a contribuir al progreso de las ciencias y al bienestar social de los pueblos formando una sana conciencia nacional; decretamos: 1° La creación de una Universidad Católica. 2° Encomendar a la Comisión Episcopal Permanente de educación la ejecución de este Decreto”. Comenzaba, así, oficial y solemnemente, el camino que conduciría a la apertura de una universidad católica en Caracas.

8.- El hombre clave y providencial en esta materia fue el sacerdote jesuita Carlos Guillermo Plaza, quien se encargó de sembrar la idea tanto en la propia Compañía de Jesús como en el Episcopado nacional. En el acogedor ambiente de la Casa de Ejercicios Espirituales de San Javier del Valle Grande de Mérida, se trató el tema con profundidad y osadía. De pie, para expresar así, lo trascendental de aquella decisión, el episcopado decide la creación de una universidad católica para Venezuela.

9.- El camino por recorrer era largo y sinuoso. Desde un comienzo se confió a la Compañía de Jesús en la persona del Padre Plaza y a la Comisión Episcopal de Educación hacerse cargo de los trámites tanto canónicos como civiles. Los primeros ofrecían menos escollos que los segundos. Si bien el escenario político era distinto al de los años inmediatamente anteriores, las mentalidades permanecían intactas. Ello explica, tal vez, el que fueran a la par dos proyectos de universidades privadas: el de la Católica y el de la Santa María. El estatuto legal vigente no contemplaba ni la existencia ni la creación de institutos de educación superior privados. Todo ello se allanó, gracias a las circunstancias. La Universidad Central de Venezuela tenía más de un año cerrada. Los estudiantes buscaron refugio en la Universidad de los Andes y en la del Zulia, en el exterior, o sencillamente se vieron obligados a abandonar sus estudios superiores.

10.- Así las cosas, dos años más tarde, en junio de 1953, de nuevo el Episcopado reunido en Maracaibo en sus sesiones canónicas, consideraba inminente la instalación de la Universidad Católica de Venezuela. La finalidad de la misma era compartir “los nobles y comunes anhelos de las otras ilustres universidades del País”. Además, “se dirige particularmente a consolidar, de modo eficaz, la educación moral y espiritual de nuestra juventud, destacando para ello el valor y la dignidad de la persona humana, ennoblecido aún más por su condición cristiana; todo lo cual exige cuantiosa dotación de medios apropiados junto con exquisita y firme dirección, en el sentido de que tal esfuerzo combinado conduzca racional y convenientemente al desarrollo justo de las profesiones ciudadanas”. Por ello, decretó: 1° La celebración de la Semana de la Universidad Católica en toda la República en la semana que antecede al primer domingo de diciembre, de modo que éste sea el último día de la misma “Semana de la Universidad Católica”. 2° Durante esta Semana los Venerables señores Párrocos, Capellanes, Religiosos, Instituciones y Asociaciones, aprovechando todo medio de honesta propaganda, hablarán a sus feligreses, alumnos y afiliados sobre la importancia de la Universidad Católica, utilizando en particular, la Sagrada Cátedra, y los voceros de la prensa y la radio. 3° Coléctese entre nuestros católicos de toda la República el Obolo de la Universidad Católica, destinado al fomento de dicha institución y a la dotación completa de sus respectivas facultades. 4° Propéndase a que Venezuela forma su Patrimonio de Educación, mediante mandas, donaciones y otros métodos, iniciando y aumentando el peculio de la máxima obra cultural del Catolicismo en Venezuela. 5° Comuníquese al público con la mayor difusión y cúmplase religiosamente”.

11.- Dos meses más tarde se aprobó una nueva ley de educación, y el 21 de agosto de 1953, el Ejecutivo Nacional estableció el Reglamento Orgánico de las Universidades Privadas. Por Decreto del 19 de octubre del mismo año, Marcos Pérez Jiménez autorizó el funcionamiento de la Universidad Católica. Cinco días después, el 24 de octubre, la Universidad Católica de Venezuela abrió sus puertas, con solemne acto inaugural. Su primer Rector fue el Padre Carlos Guillermo Plaza, alma y motor de esta aventura apostólica y pedagógica. A su iniciativa, el 7 de julio de 1954, el gobierno autorizó el nombre con el que la conocemos hoy: Universidad Católica Andrés Bello, UCAB. Tiene así, desde entonces como epónimo, a uno de los grandes venezolanos de todos los tiempos, en quien brilló además, la fuerza de la virtud y de sus convicciones cristianas.

POR SUS FRUTOS...

12.- Cincuenta años en la vida de una institución es tiempo suficiente para evaluar su razón de ser y su permanencia. Mucho ha cambiado el país y mucho también ha aportado al mismo la Universidad Católica Andrés Bello. Con las vicisitudes propias de todo ente vivo, su crecimiento no ha estado exento de momentos difíciles. Pero su impronta está bien definida y su fama bien ganada en el universo plural de Venezuela. Sus rectores han sido eximias figuras: los Padres jesuitas Carlos Guillermo Plaza (1953-1955), Pedro Pablo Barnola (1955-1959), Carlos Reyna (1959-1969) y Pío Bello (1969-1972), el ingeniero Guido Arnal (1972-1990), y desde 1990 el R.P. Luis Ugalde s.j. Detrás de ellos, la rica y fecunda experiencia de la Compañía de Jesús en la conducción de universidades en todo el mundo, centenares de hombres y mujeres que a distintos niveles han dado lo mejor de sí en la construcción de una universidad de excelencia, y su vinculación con la Iglesia institucional a través del Gran Canciller, ocupado siempre por el Arzobispo de Caracas.

13.- Los profesores actuales y jubilados, los egresados que se cuentan ya por miles, sus numerosas publicaciones de libros y revistas, las facultades y centros de investigación que aportan al país ideas, propuestas y análisis de reconocida vigencia son el mejor aval de su trayectoria. A ello se une, la atención personalizada en diversos campos en los que sobresale la pastoral universitaria, hablan por sí solas de la misión educativa, ética y responsable que ha tenido la Universidad Católica Andrés Bello.

14.- Si bien tiene su sede en Caracas, desde un comienzo, la Universidad Católica estuvo abierta al país. De ello, tiene hoy día, extensiones de diversas facultades en los cuatro puntos cardinales. Hija directa fue la extensión del Táchira, hoy Universidad Católica del Táchira. Y se abrió el camino para los otros centros de educación superior de inspiración cristiana que existen en Venezuela.

PROSPECTIVA

15.- La supervivencia de cualquier universidad, máxime de una católica, pasa por entender el contexto geopolítico, el tiempo histórico y las exigencias de la Iglesia contemporánea. Asumir la competitividad, la complementariedad y la calidad en un permanente reto de estar atento a los signos de los tiempos y a los signos de Dios ha caracterizado el camino trillado por la Universidad Católica en este medio siglo.

16.- Toca a los cristianos de hoy, descubrir su razón de ser y su tarea en la construcción de una sociedad del futuro más justa, más equitativa, capaz de ofrecer razones de esperanza a través de la conocimiento científico y tecnológico. Realizarlo dentro del marco ético de la verdad, de la libertad, del servicio, del sano pluralismo, respeto a los demás y a sus ideas, la apertura a lo trascendente y el ofrecimiento permanente de la fuerza transformadora del Evangelio es la razón de ser de toda obra de Iglesia y de una universidad que lleve con orgullo el título de católica.

17.- Al agradecer al Señor el don para Venezuela de la Universidad Católica Andrés Bello queremos como Pastores de la Iglesia unirnos al regocijo y la acción de gracias de la comunidad ucabista. Pero es también la ocasión para que todos los católicos reflexionemos sobre el tesoro que ha sido y es la presencia educadora de la Iglesia, maestra en humanidad y servidora de todos los hombres, en especial de los más pobres. Que María, madre de la sabiduría, siga guiando los pasos de esta alma mater para bien de todos los venezolanos.


Caracas, 1 de octubre del 2003.

FIRMAN LOS ARZOBISPOS Y OBISPOS DE VENEZUELA

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