|
| MENU PRINCIPAL | PAGINA ANTERIOR | COMENTARIOS | CONTACTENOS | SITIOS DE INTERES |
CONDECORACION UCAB OBISPOS |
|
PALABRAS DEL RECTOR Luis Ugalde con motivo de la entrega de la Orden Universidad Católica Andrés Bello a la Conferencia Episcopal, al Arzobispado de Caracas y a la Santa Sede (Caracas, 29 de octubre de 2003)
Saludo
Ésta no es una reunión secreta, pero sí familiar; como un cumpleaños que se celebra con los parientes más cercanos.
Nuestra Universidad acaba de crear la Orden Universidad Católica Andrés Bello, para expresar el agradecimiento y el reconocimiento a quienes han hecho un aporte importante a la vida de la UCAB. La vamos a entregar a figuras que se han destacado en su construcción en estos primeros cincuenta años.
Al hacernos la pregunta aparecen en primer lugar los obispos, que con su decisión de 1951 hicieron posible el nacimiento en Venezuela de una Universidad Católica. A muchos parecía imposible, a otros incluso imprudente. Confiados en Dios, los obispos reunidos en Conferencia en Mérida la decretaron.
Por eso esta noche vamos a entregar la Orden a la Conferencia Episcopal en la persona de su actual Presidente, Mons. Baltazar Porras, como representante de todos los obispos de Venezuela en los últimos cincuenta años. Es nuestra manera de reconocer y de agradecerles, nuestra manera de solidarizarnos, no sólo por lo que hicieron hace medio siglo, sino también por lo que, desde el Evangelio y con el Evangelio, hacen y dicen hoy para lograr la paz, la verdad, la justicia y para mantener viva la esperanza en esta hora difícil de la Patria. Hemos sentido que ustedes son nuestros obispos y que nosotros somos su universidad. Sin decirlo mucho, lo hemos practicado.
Cuando desde la Universidad tendemos una mirada al último medio siglo de Venezuela, nos encontramos con la palabra pastoral de ustedes orientadora y estimulante para todo el pueblo. Empezamos con la Pastoral de Mons. Arias Blanco, Arzobispo de Caracas y Canciller de esta Universidad, en mayo de 1957, tan injusta e imprudentemente cuestionada por la Dictadura. Ésta -como todas las autocracias- era incapaz de aceptar la verdad de los problemas sociales y la libre opinión, no adulante. Y terminamos, por ahora, con el documento episcopal de julio de 2003, donde todos ustedes nos invitan a reconstruir el país con verdadero espíritu de reconciliación desde el dolor de los excluidos y frustrados.
Nosotros sabemos que la comunidad cristiana nada tiene que ver con la obediencia sumisa y cuartelaria, sino con la libertad de los hijos de Dios. Libertad intraeclesial para la legítima discusión y corrección fraterna; y libertad externa para aportar lo mejor de nuestra comunidad cristiana a la construcción de la sociedad civil y política. Para que no nos quedaran dudas, los primeros cristianos inspirados por el Espíritu nos transmitieron en las Escrituras Sagradas los desacuerdos y discusiones entre Pablo, Pedro y Santiago, los conflictos entre cristianos de origen judío y los de origen pagano y los enfados entre Pablo, Bernabé y Marcos. (Hechos 15,39) Es bienvenida en la Iglesia esa libertad de discusión y rica diversidad, necesarias para trabajar por el Reino de Dios y para servir evangélicamente a nuestro pueblo, pues siempre estamos muy lejos del sublime ideal cristiano de la perfección. Pero que no nos pidan distanciarnos de nuestros pastores para arrodillarnos servilmente ante el poder de turno, ni que silenciemos nuestras conciencias, por cobardía, complicidad o búsqueda de prebendas y beneficios. Nuestra Universidad siempre se ha sentido invitada por ustedes a ser libre en el servicio de la verdad y audaz en su compromiso social y en la búsqueda de caminos para la democracia con justicia social y oportunidades de vida digna para los hoy excluidos.
Además reconocemos y agradecemos los aportes de la Conferencia Episcopal en el Concejo Fundacional por medio de los dos obispos representantes elegidos por ustedes.
Así mismo agradecemos la reciente Exhortación Pastoral en ocasión de los cincuenta años de la UCAB, que es para nosotros estímulo y guía.(Demos un caluroso aplauso para nuestros pastores)
No es menos importante el papel central (aunque siempre discreto) de quien preside como Canciller de la Universidad, el Arzobispo de Caracas. Nuestro Estatuto Orgánico establece este vínculo de lealtad eclesial a través del Arzobispo de Caracas. Hemos sentido su apoyo, consejo y orientación, junto con una gran comprensión de la naturaleza especial de una universidad y su autonomía y el alto aprecio por el papel y responsabilidad de la Compañía de Jesús en su conducción. Personalmente sentí esta cercanía y apoyo en los tres arzobispos de Caracas que pude tratar, los cardenales Quintero, Lebrún y Velasco.
Monseñor Nicolás Bermúdez, Administrador Apostólico de la Arquidiócesis, que como tal preside este acto académico, nos ha manifestado desde el primer momento su cercanía y comprensión, enriquecida por su larga experiencia docente. A él manifestamos nuestro aprecio, lealtad y voluntad de colaboración y entregamos la Orden. ( Un cordial aplauso de apoyo para Mons. Bermúdez)
El Mensajero del Santo Padre el nuncio Lombardi presidió hace medio siglo la apertura de la Universidad Católica. En este largo camino, nunca nos han faltado oportunas e inspiradoras orientaciones pontificias de las que basta mencionar la Constitución Apostólica Ex Corde Ecclesiae de Juan Pablo II. Hace unos días el nuncio André Dupuy nos honró presidiendo el acto central de nuestra celebración cincuentenaria. Sus palabras al comentar el Evangelio en la Eucaristía, no fueron meramente protocolares, sino que constituyen para nosotros un mensaje claro, oportuno y directo para que defendamos y enseñemos la verdad y la libertad en esta hora delicada del País. Nos complace que sea Mons. André Dupuy la persona a quien vamos a hacer entrega de nuestro filial reconocimiento a la Santa Sede. ( Pido un agradecido aplauso para Mons. Dupuy por sus extraordinarias palabras y por todo lo que está haciendo para ayudar a Venezuela)
Hemos querido hacer este acto familiar, sencillo y muy sentido para decirles de todo corazón ¡gracias!. Cuenten con esta Universidad que es la suya, cuenten con sus capacidades y con el cariño de su gente que hoy quiere ser más leal y colaboradora que nunca. Necesitamos y apreciamos su voz lúcida y valiente y también su estímulo para que como universidad católica seamos luz que no se esconde y esperanza fundada que, gracias al estudio serio, señala confiables caminos de justicia, alcanzables en paz y democracia y que ofrezcan oportunidades para todo el país, muy especialmente para los más excluidos y frustrados.
Con la ayuda de Dios, continuaremos tratando de cumplir como Universidad Católica la delicada misión que nos confían.
|
| MENU PRINCIPAL | PAGINA ANTERIOR | COMENTARIOS | CONTACTENOS | SITIOS DE INTERES |